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Ay, ay, ay
Ay, ay, ay
Lejana y sola me encontraba.
La luna era muy grande,
y el cielo universalmente estrellado.
Mi alforja era de algodón
y mi collar de caracoles…
mi corazón latía fuerte y mi pecho
quería estallar.
¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay qué estrella que vale!
¡Ay mi lejana soledad!
¡Ay qué pena tan grande!
¡Ay qué cielo tan hermoso!
Por el llano y por el viento
¡Ay qué pena luna roja!
¡Ay muerte me estás mirando!
Desde la torre de mi alcoba.
©Leonor Bonilla Toribio.
Todos Los Derechos Reservados
ISBN: 987-561-124-7
leonor.bonilla@free.fr
Poemas leidos 91 veces
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