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Ni dulce te quiero en casa
Hoy es tan grande mis congojas,
al mirar hacia el bosque lejano,
donde estuvimos el pasado verano,
Desde aquí veo desprovisto de hojas
A los árboles el otoños sin piedad,
las hojas marchitan y le despoja.
Como el invierno en mí se aloja.
Es la razón de la vida y su realidad.
Ya pasó tantas veces el vago sol,
en busca de mi alma peregrina,
declinar a la carne se empecina,
marca el tiempo cumpliendo su rol.
Un día al pasar me vera inerte,
ya entregado a la dulce muerte.
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